miércoles, 1 de febrero de 2012

Economistas apuntan a introducir competencia “por comparación” en Primaria para reactivar la sanidad

PROPONEN FINANCIACIÓN CAPITATIVA PARA EL NIVEL ASISTENCIAL
Lo consideran más relevante que el modelo de gestión por que se rige cada centro
Redacción. Madrid
Una competencia no de mercado sino “por comparación”. Ésta es la receta para dinamizar el funcionamiento del primer nivel asistencial en el futuro de acuerdo con las declaraciones de Vicente Ortún, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Pompeu Fabra, durante las jornadas de la cátedra UPF-SEMG-Grünenthal de Medicina de Familia y Economía de la Salud que dirige, y que se llevaron a cabo el pasado viernes en Barcelona, en colaboración con el Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES).
Ponentes y organizadores durante la jornada.
Desde su punto de vista, “las mejores organizaciones son aquéllas que, en entornos que no garanticen la inmortalidad, consiguen unos rendimientos superiores al resto y en economía de la salud se comprueba que, más que la propia forma organizativa, importa la competencia: una competencia no de mercado sino por comparación, vigilando el mantenimiento de la calidad” y si se quiere asegurar la del Sistema Nacional de Salud será necesaria “una reencarnación de la Atención Primaria que permita potenciar sus características intrínsecas: influir en los estilos de vida, tener una visión global del paciente, aumentar el valor predictivo positivo del segundo nivel, coordinar e integrar la atención, manejar los ajustes presupuestarios y también posibilitar la sostenibilidad y la deseabilidad de la componente sanitaria del Estado del bienestar”, apostilló.
¿Pero cómo fortalecer realmente el primer nivel asistencial? Según anunciaban desde la propia organización de este encuentro, al que asistieron un centenar de personas, la innovación organizativa en Atención Primaria es posible también en tiempos de crisis. Y a ponerlo de manifiesto, desde diferentes perspectivas pero bajo esa premisa común de una Primaria más fuerte, se dedicaron los ponentes, que coincidieron con lo que ya al inicio exponía el actual presidente de la Asociación Internacional de Economía de la Salud, Guillem López Casasnovas, recordando que cuando el escenario macroeconómico es malo y la efectividad en la práctica clínica baja se impone la necesidad de priorizar, y en este marco ello supone descentralizar, dotar de mayor responsabilidad al proveedor e involucrar al profesional, porque es el médico el mejor posicionado para visualizar consumos poco efectivos.

Y, como señalaba también el director de la Cátedra, “las evaluaciones existentes muestran profesionales más satisfechos, siendo la implicación profesional más importante que la forma organizativa elegida”: Vicente Ortún concluía que si se tiene presente la inevitable cautela (con la eventual selección de riesgos o búsqueda del lucro por encima de consideraciones clínicas), el trabajo por cuenta propia, asociado, tiene claras ventajas.
En esta línea, Francisco Hernansanz, subdirector de la cátedra, resumió tras la jornada que las tres formas organizativas expuestas (entidades de base asociativa, consorcios sanitarios y el modelo británico de autogestión del médico generalista) coinciden en sus posibilidades: la rápida adaptación a nuevas necesidades y retos; el poder comprar producto intermedio; los ingresos adicionales; el uso más eficiente de recursos y la mayor satisfacción, tanto del profesional como del paciente.
Potenciar la medicina de familia
Así, está claro que la Atención Primaria debe conseguir aumentar su capacidad resolutiva, con financiación capitativa, mayor autonomía y competencia por comparación que vengan acompañadas de políticas de fomento del primer nivel asistencial. Pero lo que también quedó como irrefutable en las jornadas es que todo ello no será viable sin que los médicos generales y de familia consigan un mayor protagonismo en el grado universitario, que permita revertir la situación de la Medicina de Familia y Comunitaria y dotarla del prestigio que tenía antaño, no solo como especialidad médica interesante, sino también como profesión de futuro real.

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